El artista convierte en imagen algún aspecto de la ley, la religión o la moral de un pueblo. Suele tener un origen ético y pretende inducir al conocimiento y aceptación de determinadas verdades morales y religiosas.
LA OBRA CLÁSICA
La actividad del artista no tiene otra motivación que su propia sensibilidad. Por encima de otra consideración, quiere ofrecer un goce estético basado sobre todo en el equilibrio, la serenidad y la perfección.
LA OBRA BARROCA
El artista abandona el gusto por la obra equilibrada y serena, exenta de dramatismo y añade a su afán de belleza la expresión de emociones o sentimientos, evolucionando hacia formas más dinámicas.
LA OBRA ROMÁNTICA
La actividad artística plantea una obra discursiva, destinada a conmover al espectador. Muchas pinturas basadas en textos literarios, relatos históricos o legendarios responden a esta idea.
