La pintura renacentista se distingue de sus antecesoras medievales, en que tiene por ideales máximos la idealización de la belleza antropomórfica y la exaltación del naturalismo. Este último, preocupado por representar fielmente las realidades visibles, ideó la perspectiva lineal para poder representar el espacio vacío. La belleza antropomórfica es notoria en los personajes religiosos de la pintura europea de los siglos XV y XVI.
El artista Leonardo Da Vinci se ha considerado como un renacentista integral, interesado por todas las ramas del saber, y uno de los genios del arte universal. Anatomista, perspectivista e investigador de la pintura, vio en el dibujo el fundamento de todas las artes plásticas. Es el gran maestro del sfumato (difuminado) que distingue sus maravillosos dibujos y pinturas, como el San Juan y su célebre Gioconda o Mona Lisa.