Henri Matisse. La danza, 1909 - 1910.
Cuando esta obra fue expuesta por primera vez en 1910 fue despiadadamente criticada por su bidimensionalidad, su falta de perspectiva y su aparente tosquedad de dibujo, aunque dichas críticas recurrían a unos convencionalismos pictóricos muy alejados de la aludida modernidad del fascinante pintor del norte de Francia. Por contra, un uso valiente y revolucionario del color, un novedoso trazo de línea y un rupturista tratamiento de la forma — no así del motivo — estaban conteniendo la semilla de dos movimientos fundamentales en la pintura del siglo XX, el expresionismo y la abstracción. Este cuadro es el primer gran paso que Matisse va a dar para convertirse en el fabuloso colorista del siglo XX que indudablemente fue. La experimentación que Matisse hizo tanto del dibujo como de la pintura, e incluso de las artes gráficas y de la escultura, consiguió cambiar para siempre la evolución del arte y de la cultura visual.